Abrazados con sentimiento en señal de respeto, admiración y reconocimiento, José María Olazábal y Miguel Ángel Jiménez, los dos grandes iconos del golf español en ese momento, expresaban sin tapujos, con lágrimas resbalando por sus mejillas, su homenaje al más grande, a Severiano Ballesteros, un adiós anunciando a lo largo de la segunda jornada y certificado en la madrugada del 7 de mayo, una despedida elegante, entre jornada y jornada de un Open de España que es como es en la actualidad, grande y prestigioso, gracias a la contribución del legendario golfista cántabro, un ejemplo de lucha y tesón reconocida universalmente.
Por si fuera poco, desde el cielo, unas tímidas gotas de lluvia se sumaban al sentido homenaje de todos cuantos estaban disputando y presenciando ese Open de España de 2011, una muestra añadida de tristeza que se extendió por todos los rincones del planeta.
Muestras de adhesión y reconocimiento de las personas de los más diversos ámbitos inundaron las redacciones de los medios de comunicación del mundo entero, plasmación palmaria de la importancia de un golfista que excedió por méritos propios los límites de su Pedreña natal para expandirse por todos los lugares del mundo.
Y es que Severiano Ballesteros, como sólo pueden hacer los más grandes, ha sido de los pocos capaces de escribir las páginas de la historia, de la historia del golf, de la historia del deporte, de la historia de una generación de luchadores a la que glorificó con unas acciones tan maravillosas como inesperadas. Genial es el resumen escueto pero preciso necesario para definirle.
Banderas a media asta, crespones negros, minuto de silencio, sentidas declaraciones de reconocimiento, decenas y decenas de detalles llenaron cada uno de los rincones de ese Open de España 2011 para el recuerdo, un acontecimiento histórico que Severiano Ballesteros se permitió disputar con todo merecimiento.
No en vano, el espíritu de Severiano Ballesteros, el más grande, sobrevoló el Open de España por completo, del que se adueñó casi desde su mismo comienzo. Todos aquellos que tenían opciones a ganar el título gozaban por ello de un hermoso aliciente añadido, ganar el Open de España de Severiano Ballesteros, este Open que abrillanta su currículo personal en tres ocasiones (1981, 1985 y 1995) y al que en ese momento optaba, sobre todo, el sudafricano Thomas Aiken, finalmente ganador, quien aprovechó esa jornada jalonada de extremos sentimientos para adquirir una ventaja un poco más grande con respecto a sus más inmediatos perseguidores, dos golpes de renta con sólo 18 hoyos por delante sobre un cuarteto en el que se encontraba Pablo Larrazábal, los que tenían más opciones de decir, apenas unas horas después, “va por ti, Seve, el más grande”.
El luto marcó una jornada repleta de sentimientos
La tercera jornada estuvo ineludiblemente marcada por las muestras continuas de condolencia por la muerte de Severiano Ballesteros. El Real Club de Golf El Prat vivió un emotivo minuto de silencio en el que autoridades, jugadores, organización, prensa y aficionados mostraron un respeto reverencial. Con el entonces Presidente de la RFEG, Gonzaga Escauriaza, como testigo de excepción, Chema Olazábal y Miguel Ángel Jiménez se fundieron en un emocionado abrazo que cerró el acto. Como no podía ser de otra forma, las banderas ondearon a media asta y los jugadores lucieron crespones negros durante su vuelta.
Patrocinadores