El Open Británico 2026, que se celebra en el afamado recorrido de Royal Birkdale entre el 16 y el 19 de julio, contempla en su extenso palmarés tres victorias conseguidas por Severiano Ballesteros que contribuyeron decisivamente a situarle en la cúspide del golf mundial.
Alcanzada ahora la edición número 154 de The Open, nunca está de más rescatar de la memoria la impresionante gesta del genio cántabro, que comenzó en 1979, continuó en 1984 y concluyó en 1988 elevando con orgullo el célebre trofeo de campeón. La cita de 1979 fue, además, el primer ‘Major’ español de la historia del golf.
Severiano Ballesteros pulveriza barreras
Severiano Ballesteros había irrumpido con fuerza en el panorama internacional con su extraordinario segundo puesto en el Open Británico de 1976. Comenzó su carrera de éxitos y ya con 15 victorias en todo el mundo, tres años después, coronaba su ambición consiguiendo el primer triunfo en un “grande”, el Open Británico disputado en Royal Lytham & St. Annes.
Se convirtió en el primer jugador continental que ganaba el British desde que lo consiguiera Arnaud Massy en 1907 y, con 22 años, era el más joven ganador del siglo en un torneo que acabaría guardándose en la memoria como “el campeón del aparcamiento”.
El golfista español llegó con la vitola de favorito y terminó haciendo realidad el pronóstico a pesar de un comienzo en el que pareció perder pie respecto a sus principales rivales, con una tarjeta de 73 golpes que le situaban a ocho de distancia del mejor resultado, un 65 de Bill Longmuir que igualaba el récord del campo.
Sin embargo, no sería en balde la conversación que Severiano tuvo con el argentino Roberto de Vicenzo, ganador del Open Británico de 1967, antes de la iniciarse la competición. De Vicenzo convenció al español para que se mantuviera firme en su estilo de juego, agresivo, haciendo uso de su driver poderoso con el que, básicamente, se aseguraba estar más cerca del green, alejándose de los problemas intermedios.
“No pienses en bunkers, ni peligros; juega con el corazón”, le dijo. La teoría del argentino tenía mucho sentido para el cántabro, cuyo juego aparentemente desordenado obedecía a una estrategia perfectamente planificada.
La segunda vuelta, con un sensacional 65, incluidos cuatro birdies en los cinco últimos hoyos, le permitió acercarse a los primeros de la tabla, que pudieron sentir claramente la presión de tener cerca al joven español, ahora segundo, a dos golpes de Hale Irwin.
Seve, subcampeón adolescente en Royal Birkdale en 1976, ya había demostrado su categoría, su capacidad de recuperación, su habilidad y su audacia. Si fallaba desde el tee, era más capaz que nadie para resolver la situación.
En el tercer día de competición, con frío, viento y a veces lluvia, padecieron los dos primeros clasificados, Irwin y Seve, que acabaron con sendos 75 y vieron cómo los rivales les recortaban distancia. El español tuvo un inicio de alerta roja: doble bogey en el 2 y bogey en el 3, aunque restableció algo la situación acabando el 9 con solo un golpe sobre par.
Sin embargo, en el duro final de pares 4 del campo, hizo bogey en el 14, 15 y 17 y salvó otro en el 18, complicando un poco la última vuelta, en la que volvería a tener como compañero de juego al norteamericano Irwin, que se llevó un duro revés en el 17 con un doble bogey que lastimó su tarjeta.
Al iniciarse la ronda final, Seve estaba dos golpes detrás de Hale Irwin, pero el estadounidense acabó rendido con una tarjeta de 78 (comenzó par, doble bogey) mientras Severiano volaba hacia el título (espléndido inicio de birdie-birdie), dejando segundos a tres golpes a Ben Crenshaw y Jack Nicklaus.
El increíble golpe del aparcamiento
Sin embargo, el cántabro no consiguió el triunfo de forma fácil ni usual. A lo largo de su última vuelta dibujó otro recuerdo icónico para la historia del Open Británico cuando su golpe de salida en el 16 acabó en el aparcamiento. Un problema imposible de solucionar para la mayoría de los mortales pero del que Severiano salió airoso con un wedge para poner la bola en green y acabar logrando un birdie que sentenciaba su triunfo.
Posiblemente se pueda considerar que fue el punto culminante de su emocionante carrera hacia la victoria, pero Severiano Ballesteros hizo gala de su famoso poder de recuperación durante todo el tramo final del torneo.
El driver le había metido en problemas durante toda la semana, pero insistió en seguir confiando en su capacidad de recuperación para alcanzar la victoria, sobreponiéndose a situaciones exigentes en los últimos hoyos, en los que falló todas las calles desde el 12.
Momentáneamente había dejado de ser líder del 10 al 12, cuando coqueteó con el triunfo el australiano Rodger Davis, pero el español seguía firme en su confianza, aunque no fuese un dechado académico.
En el 12, par 3, salió a la derecha, pero salvó el par. En el 13 volvió a hacer un solo putt para birdie. En el 14 hizo tres putts para bogey. En el 15 perdió la calle por la izquierda y salvó el par con un golpe de los suyos y un chip extraordinario. En el 17 hizo sacada de bunker y putt para salvar el par y, en el 18, recuperó desde el rough de la izquierda con un hierro 5 para llegar a borde de green y salvar el último par.
Severiano ya era leyenda cumpliendo su gran ilusión, ganar un “major”. Pero esa ilusión no le abandonaría nunca y volvió a escribir épicas páginas similares, entre ellas dos nuevos triunfos en el Open Británico, en las ediciones de 1984 y 1988.
Por Jesús Ruiz
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